Cada vez que leo, me doy cuenta de cómo realmente no quiero escribir.
Me aburro leyendo cosas vacías o tan complejas que solo quien escribe piensa que sabe lo que dice. Pierdo el interés.
Hay quienes escriben por llenar páginas y concursos. Escriben para vivir. Para comer pan y beber leche. Pan y leche, leche y vino.
Yo escribo porque deseo destruirlo todo.
Porque puedo, porque quiero.
Porque sí.
No me gustan esas entramadas complicaciones que sólo el autor entiende, que no tienen significado específico, que son pretensiones… verborrea.
Mi objetivo es, tomar la realidad y transformarla un poquito. Verla desde un punto de vista inusual. Pero nunca escupir tonterías sin sentido.
Prefiero que me muerda un ganso que caer en ese vicio de decir nada.
De ser nada.
O morir nadando.
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