Un domingo perfecto… De lluvia, tacos de camarón, y un poco de sangre en los hospitales. En el tráfico se escucha una sirena, mientras las gotas de cielo se transforman en tristeza;
las notas de un bajo nuevo tratan de afinarse, con el llanto de un niño… y una hamburguesa. Una Coca Cola con hielo, un café americano en una tierra aguacatera… Pintan la perfecta armonía; una dulce y necesaria sincronía.
Otra nota de bajo, un jazz desafinado y la confirmación con el cajero: “¿Esta quesoburguesa trae pepinillos?”, “Si, pepinillos con cebolla”.
Y recordá… Como enseña He-Man: “Si sos feo, inteligente, respetuoso y buena gente, siempre vas a seguir siendo feo, pues una cosa no tiene que ver con la otra”.
La grama no puede con más lluvia, porque la tierra se satura y se ablanda. El piso se moja gota a gota y la tela de las sillas se mancha de mota.
La ausencia de fútbol torna gris las mareas; la risa de los niños hace eco en las paredes. Un pájaro negro se cuela en la foto, mientras los muros se tiñen de verde… y en el estéreo, Serú Girán suena.
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