Hoy te cuento una de vaqueros

Era el viejo oeste… tan viejo y tan oeste que para llegar al otro lado había que tomar diez trenes, un decálogo de estaciones del rosario. -¿viste eso que hice?, usar referencias tuyas-. En ese viejo pueblo de vaqueros, había un chanchito y una gallina con dos huevos, una mata de chiles verdes levemente picantes, unos plátanos al gusto y frijolitos delirantes. En eso llegó ensillado el más romántico de los vaqueros, seguro y bien armado -y ya empecé a rimar y no era ese el objeto-. Iba andando con sus botas y su arma, se había rasurado las pelotas… y se sentó. Se sentó en la barra, ordenó un café un tanto amargo, y eso de la nada apareció. Allí estaba, una dama con botas bordeaux, pelo rizado que parece bosque fresco… y una sonrisa dulce y perezosa. Aquel vaquero la vio y sin dudar se acercó a ella y le dijo —Buenos días, qué lindo es volverte a ver—.

FIN