Un día de estos voy a perder la cabeza. La mente, la conciencia. ¿Será que escribo para transplantarla en algo mío, para que cuando sea ya viejo, pueda alguien leerme esas historias y poemas olvidados por el yo autor, y brote de alguna forma de nuevo la emoción, y me conmuevan como sucede con alguna balletista con Alzheimer, que al escuchar el “Lago de los cisnes” vuelve a recordar las posiciones de baile, de eso que fue y que es tan suyo, tan de nadie? ¿O quizás escribo para vivir intensamente y doble, para que el remordimiento no me mate por haber perdido el tiempo -que siempre será mi culpa- además de la memoria?
Te cuento dos secretos: Cuando escribo, normalmente voy leyendo lo que escribo, atento no solo a ciertas concordancias, sino además a eso que me encanta, la musicalidad de las palabras y las ideas. Y así, hace algún tiempo cuando escribía y me iba leyendo en ese proceso de componer artísticamente mis ideas, esas palabras sonaban a mi, a mi voz ¿has visto eso? ¿hacés eso? ¿ir leyendo en silencio, pero en voz alta en tu mente cuando escribís? Bueno, pues así. El secreto que quiero compartirte, es que ahora, últimamente, cuando escribo mis palabras y composiciones cada vez suenan menos a mi, que esa nueva voz que me lee cuando escribo suena a un río plateado, a una punta, al este, a un monte, a un medio audiovisual, aún santo con mi nombre, a un campo, al mar… a un caballo que no sé ensillar, a una caja de herramientas que no uso, al viento, a las aguas calmas, a las bravas, a los perros con rabia, me suenan a pies también, a Coca Cola, a un tal Hugo, a pelo, a anteojos grandes, a esteticista, a caminata, a ojos, a labios, a quemaduras irresponsables de sol, a decálogo, a mediterráneo, a sol… y a todo, todo eso y más, que es una lista interminable. A eso suena esa voz que me lee cuando escribo, me suena a todo, menos a mi.
El otro secreto, es que un día escuchando a esa voz, oí que me dijo: “buscáme, cuando veas que me pierda buscáme”, y yo le dije que sí. Lo que no le dije y necesito decirle a esa voz, es “voz mía, por favor búscame, no dejés que me pierda, que me borre en el olvido. Ahora que estoy vivo quiero sentirme buscado, quiero saberme necesitado, voz mía… buscáme también vos a mí”.

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