–¿Quién anda allí?
-silencio-.
-knock, knock…-
–Que, ¿Quién anda allí? ¡dije!
-silencio otra vez-.
Cada noche es igual. Desde esa fatídica tarde que decidí leerme las cartas en aquella feria itinerante, que casualmente pasó por mi pueblo un feriado -1 de enero-.
-knock, knock…-
Lo que descubrí sobre el futuro es que uno mismo lo construye. Lo construimos con nuestras decisiones… ¿Buenas o malas? No se sabe en el momento. Lo conoceremos después, por sus consecuencias.
-knock, knock…-
Otra vez… y otra noche igual que anoche. Tocan a mi puerta, tocan a mi ventana. Tocan cuando las luces se encuentran apagadas. Tocan… y tocan.
La primera vez pensé que era el gato, pero luego pensé: -Qué gato tan alto…– Porque aún en lo oscuro se puede ver el sonido, se sabe si el golpe es abajo, arriba o en medio. Este golpe es a tres cuartos de altura de mi puerta… tal cual tocaría un adulto.
-knock, knock…-
–Otra vez…
De haber sabido que leerme las cartas podía abrir un portal a lo desconocido… al mundo de los fantasmas y de los espíritus que huelen mal… de haber sabido… ¿quizás lo hubiera hecho? ¿Quizás si…? O no.
-knock, knock…-
–¡Esto es ridículo! ¡Igual los fantasmas o los espíritus no tienen cuerpo… que pase quien sea de una vez!
¡Grité ya cansado de tantas noches sin dormir! De tanto sueño interrumpido por ese “knock, knock”. ¡Grité, esperando fuera el fin de este asedio, o de esta broma, de esta brisa helada, más helada que el aire acondicionado! De esta brisa… Extrañamente helada.
De pronto, un suave chasquido de la cerradura de mi puerta… Y se abre… El invitado ha aceptado mi invitación… -pienso- y veo una sombra más oscura que la noche.
–Mejor, me hubiera quedado callado… mejor no hubiera ido a que me leyeran las cartas… mejor ni siquiera hubiera nacido… -tiemblo… más frío, ahora calor… y una voz… una voz que escucho claramente decir:
–knock, knock… knock, knock… -y se ríe suavecito- Tonto… aquí estoy. Aquí estoy… y aquí me quedo…
-Me desvanezco-.
Abro los ojos y estoy solo en mi cuarto tirado en el piso. Es de día. Son las 7:40 a.m. Aún me da tiempo de no llegar tan tarde al trabajo. Me levanto, me ducho y, en cuarenta minutos estoy en esa mesa modular que comparto con cuatro de mis colegas arquitectos.
Son las 10:32 a.m., cuando tengo una urgencia terrible de ir al baño. Ya sentado en la taza, siento un leve dolor en el pecho, un sabor raro en la boca y un poco de mareo…
–Holaaa… -una voz que escucho en mis adentros.
–¿Hola…? -pienso- ¿Qué está pasando?
–Está pasando que sos mío… –Una risa malévola, y esa voz… esa voz… que ya había escuchado…
-¿Tuyo?
–Si… -Y otra vez esa risa malévola…
Todo se hace negro.
Abro los ojos. Estoy acostado en la cama de mi habitación. Mi mamá está a mi lado con su cara preocupada hablando con alguien por teléfono.
–Mamá… mamá… -la llamo mientras trato de incorporarme.
Mi madre deja el teléfono al pie de la cama, me agarra de los hombros, y me mira a los ojos… y su dulce cara se transforma en el terror… mientras dice… con una voz que no es su voz:
–Tonto… ya despertaste…
Y otra vez todo se hace negro.
No veo nada, pero escucho al fondo… a lo lejos como en eco… unas voces que me llaman… unas voces acompañadas de un familiar sonido… un sonido que es temor, que es miedo puro y vivo…
-knock… knock…-
-¿Quién anda allí? –pregunto.
-¡Yo… Juan –mi hermano-, te traigo un postre… que manda tu novia!
Temblando de pánico, rezando sea este un mal sueño, busco en medio de lo oscuro de la habitación, la perilla de mi puerta… ¡La encuentro! ¡Ya la tengo! Pero antes de abrir… me detengo… apoyo en la puerta mi oído… y de pronto…
-knock, knock…

Deja un comentario