Estoy de pie frente a un océano imponente, Un océano de olas inmortales. Olas y marea que estremecen, y que arrastran hasta el fondo de los mares.
Estoy descalzo sobre suave y dulce arena, Estoy corriendo con un ojo puesto en ti. Voy corriendo y no me alejo de la playa, de la playa y esas olas que me llevan hacia sí.
Así estaba tan tranquilo y tan campante, Cuando vino entre los cielos una estrella carmesí; una estrella hipnotizante abrasadora, que me llevó de aquella playa, de aquel mar.
A otro paraje, a otra playa donde río y soy feliz, donde río y donde lloro, a ese mundo que es aquí. Natural naturaleza de entre cielos y rubí, es espléndida la vida con mi estrella carmesí.
Natural naturaleza…Los pájaros vuelan de sus nidos…; las tortugas rompen huevo y se adentran en la mar; los pingüinos ya se enfrentan aguerridos, a peligros como el clima y como el hambre que hace aquí.
Pero un día, de entre soles, de entre moras…, en un día como aquel en que me fui…, Caminando por la calle, luego fui a dar a una playa, una playa suave y dulce de recuerdos del ayer.
A medida que mis pies iban andando, mi corazón latía y retumbaba; retumbaba como olas, como canto, que produce el movimiento de la mar.
Luego el cielo me llamó a las pupilas; las pupilas que de niño suelo usar…, Pues aunque ahora soy distinto a como antes, mis dos ojos permanecen muy igual.
Estoy de pie frente a un océano imponente, un océano de olas inmortales. Olas y marea que estremecen, y que arrastran hasta el fondo de los mares.
Estoy aquí y le platico a aquel paisaje, aquel azul, azul sin fin, cielos y mares. Y aunque quisiera estar por siempre en esta tierra, es mi estrella carmesí la que me lleva.
Y cuando estoy con ella solo, sólo pienso…, en hacer feliz a aquella dulce estrella; a la estrella y lucerillos que van apareciendo, que van y brotan del amor y el sacrificio.
Pero nunca, y digo ¡NUNCA! Por mi mente se ha cruzado, olvidarme y desechar aquel recuerdo, aquel dorado…, aquel dorado suelo, de la suave y dulce arena, aquel azul intenso; aquel cielo y la marea.
Aquel cielo y aquel mar, en donde joven fui formado aquel lugar y corazón, el de mi madre tanto amado. Y aunque de a poco voy y vuelvo a aquel lugar, a aquel regazo…, nunca dejo de volver y, el corazón no olvidará…, pues son tus ojos aquel cielo, y es tu amor el vasto mar.
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