“Nadie sabe ni el día ni la hora”. (Mt 24, 36).
Conocemos muy bien la hora de dormir, pero nadie está seguro si después despertará.
Hay quienes despiertan y se ríen de la hora; de la hora inesperada, de la hora de la sopa.
Para aquellos que esté fría será trágico el momento, pues no hay nada más temido, que fría sopa en el desierto.

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