Cómo el tímido cocodrilo cruza el Nilo,
Y navega con sincera angustia,
pensando que quizás sea Augusta,
quien llegue por detrás a cazarle.
Abriendo su boca despacio,
deja que lleguen los pájaros…
¡Y cómo se alegra! cuando uno,
le limpia los dientes de carne.
Ya que el verde reptil tiene hambre,
y no come por dolerle la muela,
muela que ese día está en huelga,
y no muerde ni pez ni culebra.
Ten cuidado si ves que del agua,
emergen dos ojos azules,
pues quizás el cocodrilo te busque
y te cante un poema que arrulle.
Y así dormidito te empuje,
adentro de sus grandes fauces.
Y no haya cazador que te salve,
como a la abuela del lobo salvaje.
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