Comenzaba la temporada de conejos; y los aficionados al deporte rey miraban cómo Maradona anotaba su primer gol ante Inglaterra, aquel 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, Argentina 1 - Inglaterra 0.
Un niño argentino saltaba emocionado y, no podía contener su alegría por el "sí," que acababa de darle la niña de sus sueños.
Pelo castaño, ojos de miel, piel blanca... Así describía Jorge a la mujer que le había asaltado en el metro, dejándolo sin dinero y con una puñalada en el costado.
Minutos más tarde en una cama de hospital, moría Sergio, que escuchaba por última vez la voz de Victor Hugo Morales:
"Balón para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota, Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial. Y deja el tercero, puede tocar para Burruchaga... siempre Maradona. ¡Genio, genio, genio! Ta, ta, ta, ta, ta ... ¡Gooooooool gooooooool! ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol, golaaaazo! ¡Diegoooool!!! Maradona! Es para llorar, perdónenme. Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés?, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina. Argentina 2 - Inglaterra 0. ¡Diegol, Diegol!, Diego Armando Maradona. Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 - Inglaterra 0."
Matilde, llega a su casa y mira a su madre contando unos billetes sobre la mesa del televisor. Al lado de su bolso, una navaja manchada de sangre.
La niña hace caso omiso del objeto, se dirige a su mamá y le dice: “¡Mami, tengo novio!”.
Días después... Sigue la temporada de conejos. Argentina se corona campeón del mundo 3 - 2 frente a Alemania Federal; y todo marcha como es costumbre en las montañas de Rumania.
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