Café amapolense

En el rincón de un Café de la Calle de las Amapolas… Una luz tenue e indirecta; sombra y silencio el trasfondo; la atmósfera, donde una mosca vuela.

En el techo del Café de la Calle de las Amapolas, una mancha oscurece de a poco; se forma entre agua y aceite; entre tubos, lo húmedo y hongo.  Es el nido de la mosca cafetera.  

En el rincón del Café amapolense, en los dominios de una mosca latina… Estás sentado entre sombras y velas, estás mirando tu vaso y la Luna.

Ropaje de bellos colores; botones cuadrados y azules; sombrero en la mesa y encima tu mano, que acaricia su forma y textura.  

Has bebido hasta la última gota.  Has ahogado al demonio en tu copa… Quizás en pos de Dios va tu alma… Y no te deja tu mente tirana.

 

-¿Quién?… ¿Quién sos?… –preguntaste.

Soy la voz.

Tú rostro más blanco que nieve; tus labios más rojos que el Sol al ponerse… Tus  ojos  rodeados  de  cruel  maquillaje… Maquillaje  que  oculta la verdad… a quién temes.

 

-¿Quién?… ¿Quién soy?…

-Sos… Y punto.

En el rincón de un Café de la Calle de las Amapolas, una triste figura se pinta; sentado entre sombras y velas… Callado, mirando la Luna.  Muriéndose en vida en un nido de mosca… Un nido de mosca latina.

 

“¡Damas y caballeros!…”. –Una voz a lo lejos-.

-¿Escuchás?

-…Si.

 

“¡Bienvenidos al espectáculo más grande del mundo! –Aplausos-.

 

¡Bienvenidos a una  noche mágica ¡Una  noche de sueños y luces! ¡Una noche de eterno recuerdo!”.

-¿Te acordás?

-… Si.

 

Risas y aplausos; luz y colores; música y magia… y allí estás tú.  ¡Arlequín cómo nunca se ha visto en el mundo! Ropaje de bellos colores; botones cuadrados y azules; sombrero en cabeza, bastón en tu mano; destreza, comedia y encanto.

-¿Te acordás?

-… Si, si me acuerdo.

-Te acordás… y ahora… ¡ESTÁS MUERTO!

-¡Ah!… ¡Ah!…

-¡Hey!… ¡Hey!

-¡Ah!… Ah…

-¡Anton!, ¡Anton!

-Ah… ¿Qué?…

-¿Estás bien Anton?

-Eh… Si… Si… Simplemente… No sé… Escuché algo.

-Nunca te había visto tan extraño. ¿Seguro estás bien? Deberías ir a dormir; parece que el espectáculo te dejó cansado.

-Sí… Es posible… Yo… Me voy a dormir. Buenas noches Viktor…

-Buenas noches… ¿Anton?

En el rincón de un Café de la Calle de las Amapolas… Una sombra, se mueve violenta. Avanza entre vasos y velas, hecha furia, pasión y tormenta.

De pronto se posa en tu mano; te mira, te siente y te quema; se mueve despacio, rozando tu piel, quedándose allí ante la Luna.

Locura es nombre… y estás en su nido, un nido de una mosca latina.


Comentarios

Deja un comentario