El cubo, el lechero y el filete adobado

Se encontraron el Cubo y el Lechero. Y habló el geométrico alzando la voz: “¡Págame la renta del mes de enero!”. A lo que el Lechero respondió sin cuidado:“No te pago en enero, febrero, ni marzo”.

Respondió el Cubo exaltado: “¡Porquería más ruin no se ha visto! ¡Y maldad material es tu cara! ¿¡Que no ves como sufren mis hijos, y que de hambre se mueren en casa!?”.

El Lechero le dijo al buen Cubo: “Calla ya mal cuadrado y gimiente. No hagas luto de muerte de inútil. Si comer quieren hijos cuadrados, que lo ganen o que anden de esclavos”.

Y seguía la charla molesta. Y la oyó un Filete adobado; que pasaba tranquilo y de fiesta, pues de cocina le habían expulsado -por pasarse de sal y pimienta-.

Éste intervino y les dijo: “¡Tranquilos camaradas!” –era un filete de la antigua URSS– “¿Qué acongoja a sus mentes macabras, que hablan mal, cual patán y a lo bestia?”.

El Cubo le explicó con detalle, la injusticia del Lechero sangriento, y de cómo morían de hambre, sus diez hijos por mal alimento. -Todo esto por faltar el dinero-.

El Filete adobado le dijo al lechero: “¡Págale la renta del mes de enero!, ¡Febrero!, ¡Marzo! ¡Y ABRIL!”. Y después se marchó, meditando su fiesta. -Así  marchó el camarada filete-.

El Lechero, sin más no poder, se quitó los zapatos y extrajo el dinero. El Cubo sonriente le dijo: “¿¡Al fin has pensado lechero de mierda!?, ¿Pagarás lo que debes, tu deuda?”.

A lo que respondió el Lechero: “Mil y una noches he escrito poemas. Mil y un veranos desde Abraham hasta Ortega; de Miguel de Unamuno, hasta Estuardo Zapeta. ¡Pagaré lo que debo, mi tributo, mi deuda!”.

Y así el Lechero oliendo el billete, lo puso en la mano del Cubo. Pero ¡Oh sorpresa después!, ¡Y qué tubo! Pues fue el Cubo a comprarse unas cubas; a beberse sin miedo el escrúpulo.


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