Sobre la genialidad

La  genialidad  tiene  su  precio.    Ese precio  puede  ser la  soledad  o,  el infierno.  Cosa que por supuesto no deseo a nadie.  Ni a mi mismo, que soy el peor de mis enemigos.

Vamos todos cargando un madero; o así debería de serlo.  Para algunos es aquello pesado, para otros muy poco y ligero; en fin, no hay ninguno contento.

 

La soberbia es una droga muy cara.  ¿Su precio? Su precio es sonrisa y es alma.  Nada nueva esta historia que cuento; nada nueva mas, bien conocida.

 

Pero, ¿A qué vienen maderas y genios? ¿A qué vienen soberbia y sonrisa?

 

-A mi alma que quiero se salve, andante entre espejos de llanto y de risa-.

 

Hay un hombre que se unió como nadie al madero, se cosió como tela y remiendo con hierros.   Y quedó así colgado, humillado hecho trizas; humillado, cortado, artesano, artista.  

El genio se salva humillado en sonrisas, llevando su cruz, estandarte de vida.  Vamos todos cargando un madero, una cruz que levanta y que exalta.  ¡Vamos genio levanta el madero!, el madero que cura y que salva.

 

Hay un hombre que se unió como nadie al madero. Tres clavos profundos, tres clavos de hierro; salvaron al mundo, salvaron al genio; al genio hecho trizas, al genio soberbio.


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